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Santo Domingo. Tomo prestado el título de este artículo de la
expresión con que un colega cubano se refería al socialismo. El término
reforestación se usa como solución ideal para la recuperación de los bosques, de
la misma forma mesiánica en que se usó el socialismo como panacea de los
problemas socioeconómicos. En realidad, "reforestar" no es la mejor respuesta a
la destrucción de los bosques y, muchas veces es la peor decisión que se puede
tomar, sobre todo, si por reforestación se entiende sembrar árboles extranjeros
para producir madera. La reforestación conserva su popularidad, a pesar de sus
múltiples fracasos y los millones de pesos desperdiciados, gracias a su poder
publicitario. Por eso es la actividad ecológica favorita de los funcionarios y
políticos en campaña.
Con frecuencia se implementan actividades de reforestación que
agravan el problema que pretenden resolver. Los empleados son convocados a una
jornada de reforestación durante el fin de semana, la cual tendrá lugar en una
colina en la que ya desapareció el bosque original, pero donde empezaba a crecer
una vegetación natural que daría origen a un bosque secundario y que, además,
controlaba la erosión.
Para facilitar la labor de los empleados (que en su vida le han
puesto la mano a una coa) brigadas de obreros preparan el terreno dos días
antes, haciendo los hoyos donde se sembrarán los arbolitos y eliminando la
"maleza" que evitaba la erosión. Como estas jornadas se celebran a menudo entre
enero y marzo, o sea, en plena sequía invernal, el resultado es previsible:
ninguno de los árboles sobrevive, y lo que nos queda es una colina llena de
hoyos y con menos vegetación: cuando llueva, se perderá la poca capa vegetal que
quedaba.
A raíz de los incendios que afectaron nuestros bosques hace unos
años, alguien propuso iniciar jornadas masivas de reforestación para recuperar
los bosques que se quemaron. Eso sería lo peor que podría pasarle a nuestras ya
maltratadas cordilleras. Lo más aconsejable es dejar que los montes se recuperen
solos, pues por grande que sea el esfuerzo, la extensión de terreno que
podríamos reforestar sería ridícula, suponiendo que encontráramos las plantas
adecuadas para hacerlo, lo que es muy difícil pues lo recomendable es usar
plantas de la misma región, y no existe en el país ningún vivero que satisfaga
esos requisitos. Además, el impacto de la gente en las áreas incendiadas sería
devastador.
Otra idea peligrosa sería querer "aprovechar" la madera que se
quemó, cortando los troncos o arrancando los tocones, lo que provocaría daños
irreversibles a esos bosques, por la erosión y la perturbación que causan. La
idea de que los árboles son el único componente del bosque es una peligrosa
distorsión. "Siembra un árbol" es la fórmula mágica, pero el bosque tiene muchos
otros elementos importantes: los arbustos, las bromelias, las orquídeas, las
yerbas, los bejucos. Por el "arbolcentrismo" que padecemos, los árboles no nos
dejan ver el bosque. Una vez un director de foresta, justificando unos permisos
que dio para deforestar un bosque secundario, alegó que en la zona sólo había
"arbustos y malezas".
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