Para el año 2050, se estima que la población humana mundial deberá rondar
los 9 mil millones de personas. A los 6.7 mil millones que en la actualidad
demandamos bienes y servicios ambientales y que generamos impactos ambientales
globales de preocupantes magnitudes sobre las aguas, bosques, biodiversidad,
atmósfera y ecosistemas en general, se espera se añadan otros 2.3 miles de
millones de personas.
Se ha acuñado el término “huella ecológica” para cuantificar el impacto
ecológico de los individuos de un país o región determinada. Dicha huella
consiste en la cantidad de tierra y de agua necesarios para proporcionar los
recursos y para la asimilación de los desechos generados por el uso de tales
recursos de parte de los individuos.
El Informe sobre Desarrollo Humano República Dominicana 2008,
publicado por el PNUD recientemente, recoge una estimación de que la huella
ecológica a nivel mundial “excede en un 20% la capacidad del planeta para suplir
la demanda proveniente de la población humana.
Equivaldría a decir que la humanidad está cubriendo su sobregiro en el uso
de los recursos con la degradación de su capital natural.” Este déficit
ecológico por la sobreutilización y gasto de los recursos de nuestro planeta
propicia cambios ambientales importantes, ente los cuales se encuentran los
cambios climáticos.
La huella ecológica de los habitantes de República Dominicana ha
creado un déficit ecológico significativo, según el citado informe del PNUD,
que implica que “se requiere el doble del territorio para satisfacer los niveles
actuales de consumo que tiene su población”.
A pesar de que hay un alto porcentaje de personas que no dispone de lo
básico para vivir adecuadamente, el impacto total poblacional es negativo.
Para fomentar la sensibilización sobre el medio ambiente y promover la
atención y acción política al respecto, la Asamblea de las Naciones Unidas en el
año 1972 escogió el 5 de junio para conmemorar el Día Mundial del Medio
Ambiente.
Cada año se escoge un tema para estimular la reflexión y concienciación de
todos los actores sociales de cada país hacia la búsqueda de soluciones a los
problemas ambientales que nos afectan.
El lema escogido para el 2008 es “Acabar con la adicción: hacia una
economía de bajo consumo de carbono”, el cual tiene como objetivo hacernos
conscientes de que nuestra dependencia de los combustibles fósiles (petróleo y
sus derivados y carbón mineral, todas sustancias orgánicas que contienen
carbono) ha producido una acumulación de gases de efecto invernadero en la
atmósfera responsables de los cambios climáticos, incluyendo el calentamiento
global.
La acumulación de gases de invernadero (dióxido de carbono y otros) es
responsable en un 80% del calentamiento global, mientras que la deforestación es
causante del restante 20%.
¿Qué relación tienen estos dos fenómenos con el cambio climático y el
calentamiento global? Por un lado, la quema de combustibles fósiles genera
dióxido de carbono, gas que al haberse estado acumulando progresivamente en la
atmósfera está causando el calentamiento global.
Por otro lado, los grandes consumidores de dicho gas son las plantas y las
algas. Al reducirse la extensión de los bosques, grandes sumideros naturales
del citado gas, y al incrementarse la quema de combustibles en la industria, el
transporte, y en la producción y consumo de bienes y servicios “imprescindibles”
en la vida moderna (refrigeración, iluminación, electrodomésticos, etc.), el
resultado es la acumulación neta de gases de invernadero, que causan un
incremento en la temperatura promedio del planeta.
Hay otro vínculo entre ambos agentes causantes del calentamiento
global: la búsqueda de biocombustibles como alternativa a los derivados del
petróleo tiene insospechadas consecuencias ambientales. Tradicionalmente, los
bosques se han desmontado para producir leña y carbón vegetal, madera y papel,
para crear tierras de pastoreo y terrenos cultivables, entre otros.
En la actualidad, los precios del petróleo y sus derivados, y los
pronósticos sobre su disponibilidad y costes futuros han desatado una carrera
para explotar alternativas, lo cual está añadiendo presión a los ecosistemas
boscosos, ya que se están estableciendo plantaciones de biocombustibles a
expensas de los bosques existentes.
Verdaderamente, experimentamos una adicción al carbono que está diezmando
los recursos naturales de las naciones y está propiciando cambios potencialmente
devastadores en la química atmosférica global.
¿Cuáles podrían ser algunas recomendaciones para reducir nuestra
dependencia del consumo del carbono, produciendo bienes y servicios sin
desmedro del capital natural del planeta, ni de la posibilidad de disfrutar de
calida de vida para las generaciones futuras?
G. Tyler Miller, afamado autor de “Ciencia ambiental. Desarrollo
sostenible: un enfoque integral” plantea en su libro que ha llegado el momento
para una revolución ambiental o de la sustentabilidad, la cual incluye entre
otros componentes:
• Una revolución energética basada en disminuir nuestra dependencia de
los combustibles fósiles no renovables a partir de carbono y de aumentar nuestro
uso de energías renovables como la solar, eólica, de la biomasa, del flujo de
agua, la geotérmica,
• Una revolución de la eficiencia que reduzca nuestro
desperdicio de recursos naturales y energéticos,
• Una revolución en la
economía que incluya reales recompensas al comportamiento ambientalmente
benéfico y que desaliente el comportamiento dañino.
Para lograr la revolución ambiental propuesta es preciso que se
experimenten cambios en el orden institucional (incluyendo a los gobiernos y al
sector privado) relativos al manejo sostenible de los ecosistemas y sus
recursos, cambios tecnológicos para incrementar la eficiencia energética y
reducir las emisiones de gases de invernadero, cambios en lo social y en el
comportamiento de las personas para reducir el consumo de recursos y servicios
de los ecosistemas, cambios en los niveles de educación para lograr mayores
niveles de conocimiento y concienciación sobre temas ambientales, cambios que
propicien el empoderamiento de los grupos dependientes de servicios de los
ecosistemas, y cambios en la economía que promuevan la eliminación de subsidios
que promueven el uso excesivo de los servicios de los ecosistemas.
El eslogan “pensar globalmente y actuar localmente” es cada vez más
relevante ante los retos planetarios originados por causas del manejo
insostenible de los ecosistemas y sus recursos.
Este Día Mundial del Medio Ambiente es una ocasión oportuna para
plantearnos cómo podemos reducir nuestra huella ecológica a nivel individual y
reducir nuestra dependencia o adicción por el carbono.
Consumir alimentos producidos localmente, versus alimentos
transportados desde grandes distancias contribuye a reducir el combustible
utilizado en el transporte; utilizar bombillas de bajo consumo, ajustar el
termostato del aire acondicionado un par de grados menos frío, usar productos en
los techos que reduzcan la carga de calor, utilizar fuentes renovables de
energía, tales como la del viento o la solar; organizar más eficientemente
nuestros itinerarios y rutas para consumir menos combustible; utilizar
transporte colectivo y vehículos de bajo cilindraje con buen mantenimiento
mecánico, y finalmente, producir menos desechos mediante la reutilización y el
reciclaje cuando sea posible, son pequeñas acciones que reducen nuestra huella a
nivel individual pero que sumadas todas, contribuyen a lograr los cambios
necesarios para reducir la huella ecológica global y nuestra dependencia del
carbono.
Entre todos (unos más que otros, por supuesto) hemos aportado al problema,
y de todos y cada uno de nosotros depende la solución.
Fernando
Arturo Russell, profesor de la PUCMM, biólogo con maestría en
ecología
Fuente: Elcaribecdn.com.do
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