|
SANTO DOMINGO. "Si está vivo, mátalo; si está verde,
córtalo; si está seco, quémalo." Con esta frase apocalíptica describía
Donald Dod, el orquidiólogo esposo de la inolvidable Annabelle, la
actitud de los dominicanos ante la Naturaleza. No creo que el traje nos
quede del todo mal, pero sería injusto decir que no le sirve a muchos
otros pueblos, incluyendo a Estados Unidos, la patria de Donald. No
tenemos el monopolio de la destrucción de la vida y sus entornos. Con
frecuencia, norteamericanos y europeos se refieren a nuestros problemas
ecológicos un poco a lo Sarmiento desde una perspectiva "Civilización y
Barbarie", que pretende que de un lado están los pueblos civilizados
(Europa y EE.UU.) que todo lo preservan, y del otro, nosotros, los
bárbaros, que todo lo destruimos.
Es cierto que cada día desaparecen
miles de hectáreas de bosques primarios en países del Tercer Mundo,
pero esto no sucede en Europa porque allí los bosques primarios
desaparecieron hace siglos, y los pocos que quedan, sobreviven en los
países menos desarrollados del viejo continente, fruto más del atraso
tecnológico que del amor a la Naturaleza.
En Estados
Unidos sucedió otro tanto y todavía los madereros (un sector muy
poderoso) siguen reclamando su derecho a convertir en muebles los
árboles milenarios del estado de Washington en el extremo noroeste de
la costa del Pacífico. Se estima que a la llegada de los europeos a
Norteamérica, era tan densa la vegetación, que una ardilla podía viajar
desde Kansas hasta el Golfo de México de rama en rama sin tocar el
suelo. En la actualidad, nuestra ardilla haría el recorrido en mucho
menos tiempo, pero tendría que recurrir al servicio de transporte
público que opera en la región. Es mucho lo que tenemos que aprender de
esos países: como fueron los primeros en deforestar, son quienes más
saben sobre las consecuencias funestas de la deforestación y sobre las
mejores técnicas restauradoras.
"Maestros por ejemplo negativo" como
decían los comunistas de los años sesenta. En dos de estos países hubo
una reacción temprana: Alemania, que desarrolló técnicas de gestión
forestal desde el año 1800 y Japón, que un siglo antes inició una
gestión similar asolado por las hambrunas desatadas por la explotación
abusiva de sus bosques. Hay que aclarar que estas restauraciones no
lograron reconstruir los bosques originales, lo cual ya he dicho que es
imposible, pues los nuevos "bosques" son muchas veces plantaciones con
árboles escogidos pensando en su aprovechamiento forestal. Algunos
pueblos del Tercer Mundo, como los que habitan las tierras altas de
Nueva Guinea, manejan sus bosques de forma sostenible, aplicando
medidas similares a las que se aplicaron en Japón y Alemania, desde
hace más de diez mil años. Unos seis siglos antes que Japón y Alemania,
el Imperio Inca, un país más bien del "otro mundo" ya que desapareció
luego de la conquista, realizó una reforestación masiva e implementó
técnicas de cultivos de ladera en terrazas que evitaban la erosión,
aumentaban el rendimiento de los cultivos y garantizaban el suministro
de madera.
Debemos aprovechar los aspectos positivos de
estos antecedentes históricos, para corregir algunos de los males que
afectan nuestros bosques y prevenir otros. Pero es inaceptable que
usemos los negativos como excusa para exigir nuestro "derecho" a
exterminar los recursos naturales. Que los países del primer mundo se
hayan desarrollado sacrificando sus bosques, no autoriza al estado
brasileño a cimentar su "progreso" sobre las cenizas de la Selva
Amazónica.
Esta dirección de correo electrónico está protegida contra los robots de spam, necesita tener Javascript activado para poder verla
Fuente: DiarioLibre.com
|