El informe emitido por Enrique Pugibet, director del Acuario
Nacional y coordinador de la Red de Varamiento, explicó que se tomaron
muestras de huesos, del tejido graso y muscular, pero el estado de
descomposición no permitió observar cicatrices externas, lesiones o
parásitos. El informe indica que no hay evidencias de daños directos
relacionados con humanos, como cicatrices, marcas de arpón o de redes
de pesca.
Los restos sólo pueden ser utilizados para identificar la especie,
historia de vida, como edad según los huesos, análisis de contenido de
ácido desoxirribonucleico (ADN) y parasitología o patología general.
El cadáver del cachalote fue avistado flotando por una patrulla de
la Marina de Guerra que inmediatamente avisó a las autoridades.
Originalmente se observó frente a la playa de la isla Catalina, pero la
fuerte corriente llevó los restos del cetáceo hacia el noroeste, donde
lo localizaron los técnicos.
En la operación participaron los oficiales de la Marina de Guerra
del destacamento de La Romana, Valentino Cannot, Jorge Miguel y
Heriberto Pérez. El equipo de Medio Ambiente lo integraron los
técnicos del Acuario Nacional Oswaldo Vásquez, Francisco de la Rosa,
Rosa Naveo y Pugibet.
La presencia de ballenas en la costa sur de la isla fue
relativamente frecuente durante la temporada de invierno, pero desde
mediados de la década de 1970 se hicieron cada vez más escasas. En los
últimos años han sido avistadas ballenas de diferentes especies, pero
principalmente de las llamadas jorobadas, las que tienen una presencia
relativamente numerosa en las costas norte y noreste de la isla.
Los varamientos de ballenas fueron relativamente frecuentes en
playas del sur de la isla, pero la sobrepesca de estos cetáceos hizo
disminuir su población durante el siglo XX y fueron casi extintas. Uno
de los últimos varamientos avistados fue en la playa de Juan D’Olio a
mediados de la década de 1970.
Fuente: ListinDiario.com