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SANTO DOMINGO. No me canso de repetir que la introducción de especies
extranjeras invasoras es la segunda causa de extinción de especies
nativas y endémicas. La primera es la destrucción de hábitats
naturales, pero como muchos ambientes naturales son destruidos por
especies invasoras, hay que concluir que las especies invasoras
constituyen la segunda causa de la extinción de animales, plantas y
hábitats y están íntimamente relacionadas con la primera.
Ese es el caso del personaje que hoy nos ocupa, el pino
australiano (Casuarina equisetifolia), un árbol oriundo de Australia,
islas del Pacífico y Sudeste de Asia, que no es un pino, a pesar de que
sus hojas imitan las "agujas" de los pinos, y fue introducido en casi
todo el mundo desde el siglo diecinueve y en las Antillas antes del
1924. Se introdujo porque crece rápido, con el propósito de producir
madera, pulpa y alimento para el ganado. Para todos estos usos, sin
embargo, ha demostrado ser ineficiente: la madera es muy dura para ser
trabajada, se raja fácilmente y, aunque resiste bien el salitre, es
vulnerable al comején y se pudre pronto en el suelo. Como forraje
tampoco sirve, ya que dificulta la asimilación de la proteína, hace
perder peso al ganado y es cancerígeno. Es, en cambio, excelente como
leña y en algunos países lo utilizan para regenerar suelos agotados,
porque fijan nitrógeno de la atmósfera y porque sus hojas producen
abono para el suelo.
Sus efectos
ecológicos son catastróficos. Se propaga muy rápidamente, ya que sus
semillas son transportadas por la brisa, el mar y las aves. Además, su
sistema de raíces impide el crecimiento de otras plantas, pudiendo
destruir un bosque natural en pocos años. En los Everglades, un parque
nacional de humedales en Florida, se han gastado millones de dólares
tratando de erradicarlo, porque amenaza destruir esta importante área
protegida. Por tal razón, el Consejo de Plantas Exóticas Plagas de
Florida lo clasifica como "Altamente Invasor".
Sus
efectos en las zonas costeras, donde es mayormente sembrado por su
tolerancia a la salinidad, es aún más devastador: se caen con facilidad
durante los huracanes y arrastran al caer grandes pedazos de los
arrecifes coralinos. Como es un árbol muy alto y pesado, su radio de
destrucción al caer en las áreas urbanas es inmenso. Durante el ciclón
Georges, los mayores daños causados a las instalaciones del Zoológico
fueron producidos por casuarinas derribadas.
El
daño que causan en las playas es terrible y muy preocupante. Sus hojas,
al mezclarse con la arena, la degradan y crean un fango que hace
desaparecer, poco a poco, las playas donde se encuentran. En Cuba
estuvieron a punto de perder 16 Km. de las mejores playas de la isla
(Varadero) por esta causa. Hubo que eliminar todos los ejemplares
plantados décadas antes. Debemos aprovechar las experiencias de Florida
y de Cuba, ya que aquí este "pino" ha sido sembrado por todas partes:
en la costa este, en la ciudad (Mirador Sur), en el malecón y en las
proximidades de parques nacionales. Detener la siembra y eliminar los
ejemplares que existen en zonas en que son un peligro es lo
recomendable.
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